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Rencontre APA-SPP
Le cadre en psychanalyse

Discussion
Sobre el encuadre analítico : el "estado de sesión"

Freud inventa el encuadre analítico que comprende la casi desaparición de toda percepción, en particular la del analista que se oculta a la vista del analizante. La explicación a veces utilizada del retiro del analista como la solución encontrada por Freud frente a la necesidad de protegerse de los arrebatos afectivos de los pacientes -como Breuer fugando con su esposa frente a la solicitación amorosa de su paciente Ana O. - no nos parece suficiente. En cambio, se puede emitir la hipótesis de la existencia en Freud de una intuición inicial : la necesidad  de establecer un encuadre negativando  la percepción como medio indispensable para abordar la psique. En efecto, grosso modo, se puede avanzar que la no - vista del analista, es una de las causas principales de su omnipresencia regresiva en el espacio psíquico del analizante, como del retorno de los traumatismos de la infancia y de la sexualidad infantil, así que la razón mayor de la instalación de una autentica neurosis de transferencia, actualización de la neurosis infantil. (No podemos detallar en el espacio reducido del que disponemos los matices que se imponen en esta concepción a partir de los análisis "de sillón a sillón" en las curas de pacientes borderline). 

Estas condiciones impuestas por el encuadre están al origen de diversos movimientos psíquicos, para algunos de los cuales una teoría analítica de orientación exclusivamente positivista da solo respuestas parciales. Los acontecimientos psíquicos desencadenados por el estado regresivo propio a la sesión son clásicamente explicados siguiendo una concepción psicoanalítica que privilegia la mecánica de un movimiento linear reversible regresión - progresión dentro de un sistema de representaciones ligadas, ya establecidas, donde predominan los contenidos y la memoria. Este punto de vista corresponde a la metapsicología de 1915, una teoría de la interpretación y del trabajo analítico basada esencialmente en el modelo de la interpretación de los sueños,  apta a explicar la dinámica de la transferencia según el mecanismo de la represión y del retorno de lo reprimido, con el objetivo de recuperar el recuerdo olvidado gracias a la eficacia de la interpretación. Pero hoy día los psicoanalistas empiezan a darse cuenta de la insuficiencia de esta explicación. En efecto, las condiciones negativantes del encuadre son generadoras de ciertos procesos regresivos que escapan a la dinámica de las tópicas, de los conflictos y de la memoria. Como en  el proceso del sueño que no tiene la posibilidad de volver a las condiciones que lo han provocado, cuya orientación hacia la salida alucinatoria es irrevocable, en la sesión también se producen procesos regredientes que podemos considerar como irreversibles, ellos tampoco  pueden re-encontrar su punto de partida [1] . Estos movimientos, a la diferencia de los procesos reversibles, como los que forman el síntoma y la transferencia, no responden a la idea de un acontecimiento psíquico de un pasado representado, conservado bajo la forma de un recuerdo reprimido.

El equilibrio diurno entre representación, percepción y alucinación, sufre un cambio a partir del momento en que el analista deja de ser percibido por el analizante. Al mismo tiempo, la posición tumbada, la motricidad limitada, provocan un estado particular que angustia al yo porque despierta los afectos penosos debidos a la ausencia de la percepción del objeto primario de antaño. En esas condiciones económicas, ahora, como antaño, la situación regresiva empuja el psiquismo hacia la antigua solución de la satisfacción alucinatoria denegatoria de la ausencia.

Ya en "La Interpretación de los sueños" [2] , Freud, anunciando la regla fundamental, asocia la libre asociación a un estado particular del psiquismo : ".un estado psíquico que presenta una cierta analogía con el estado intermediario entre la vigilia y el sueño". De este modo, las condiciones economico-dinamicas del encuentro analítico son tales que el funcionamiento del Yo, relevando en principio del modo de actividad del Yo diurno, es por momentos, de hecho, próximo del funcionamiento del Yo nocturno. Una situación compleja donde el Yo de la sesión pierde su estatuto del estado diurno y no está asegurado de la discontinuidad entre representación y percepción. Además la motricidad y la acción están en gran parte abandonadas, mas exactamente, limitadas a la comunicación verbal. El paciente, que siente oscuramente su inclinación a aventurarse en la vía regrediente, se angustia ante la perspectiva de un desequilibrio de la dinámica diurna entre  representación y percepción  y lucha contra la regresión. El problema es que, estando en un entre-dos, ese Yo regresado no puede ni recurrir, como el Yo nocturno, a la apertura franca de la vía alucinatoria ni servirse de la habitual relación entre percepción y representación. Este estado podemos nombrarlo "estado de sesión" para significar su carácter intermediario, absurdo, monstruoso, semi-estado diurno, semi-estado nocturno. Además, el Yo así indefenso esta al mismo tiempo sometido a la proximidad lidinal inherente a la sesión, a la re-sexualizacion de las investiduras sociales y al renforzamiento de la pulsion debido a la frustración ; una verdadera sobrecarga pulsional que conduce inevitablemente a un exceso de tensión psíquica, a una plétora. Y cuando las vías de descarga propias a la sesión, libre asociación, transferencia, interpretación, son insuficientes, lo económico imprime a la sesión un carácter  próximo al de la neurosis actual. Entonces podemos pensar que, de la misma manera que en la teoría freudiana  la psiconeurosis admite un núcleo de neurosis actual, podemos concebir que también existe, en toda relación analítica, en toda neurosis de transferencia, un cierto aspecto actual. Del mismo modo que la psiconeurosis debe elaborar su núcleo de neurosis actual, la neurosis de transferencia debe elaborar su componente actual inherente al hic y nunc de la sesión.

Frente a este problema, el Yo del "estado de sesión", ni diurno ni nocturno, intenta la solución heroica de utilizar a la vez estos dos modos de funcionar. Pretende hacer que sea compatible la discontinuidad diurna representación - percepción y la continuidad alucinatoria de la endo - percepción del sueño. Pero, la proximidad de estos dos modos de funcionamiento psíquico, el del día y el de la noche, hechos normalmente para estar separados, provoca un estado de inquietante extrañeza, testigo de una modificación de la discontinuidad representación - percepción.

De hecho, en la sesión, en el transcurso de la libre asociación en la vía progrediente, se puede observar, en ciertos momentos y a veces en tela de fondo continua, los efectos de una regresión "que conduce el sistema de percepción hasta la plena vivacidad sensorial, siguiendo un camino inverso, a partir de los pensamientos" [3] y por consiguiente, como en los sueños, "la representación regresa a la imagen sensorial de donde salió un día". Las consecuencias de esta regrediencia en el transcurso de la libre asociación transforma la realidad psíquica del momento. Como en el sueño, puede producirse en la sesión una regresión formal del pensamiento con su tendencia a la descarga inmediata : una fuerte investidura de la intensidad de las representaciones, más importante que los vínculos asociativos entre representaciones, capaz de imponer la calidad perceptiva. Como en el sueño, la figurabilidad de un pensamiento en "estado de sesión" puede llegar a tener un carácter casi alucinatorio ; una ruptura del orden diurno de la simetría propia a la discontinuidad representacion-percepcion que provoca, como en el sueño, una bascula de la prueba de realidad y el fuera y el dentro se vuelven continuos.

Una de las formas para el analizante de resorber el estado de la sesión, de frenar la figurabilidad alucinatoria, de recuperar la habitual prueba de realidad propia a la discontinuidad representación - percepción, es una mayor investidura del objeto-analista bajo la forma de un enganche perceptivo a un exterior - proyección  de si - mismo ; el analista soporte de todas las proyecciones se convierte en un doble idealizado "material" del paciente. Puede parecer paradójico, pero por narcisista que sea, esta investidura libidinal del analista como doble representa sin embargo un mínimo de alteridad, un desvío por la realidad material, un esfuerzo para mantener la discontinuidad diurna, para evitar la regresión al "FueraDentro" ; un modo seguro para eliminar la tendencia regrediente de la solución alucinatoria y mantener el trabajo en Identidad de Pensamiento. Se asegura así la permanencia de los sistemas representacionales y la posibilidad de un recurso a los recuerdos representados esta garantizada.

En efecto, dado que la rememoración limite la marcha regresiva, Freud lo dice ya en 1900 ("de día, es necesario detener la regresión en su marcha, de manera que no sobrepase la imagen-recuerdo"), el analizante saldrá de forma espontanea del riesgo de la regrediencia refugiándose en sus representaciones - recuerdos. Un reasegurador "déjà vu" del pasado, una forma particular de rememorar que es el acto de la transferencia, en lugar y sitio de la regrediencia temida, conducirá al analizante, en el marco progrediente de la transferencia, a la posibilidad de realización de sus deseos inconscientes. Por consiguiente, tendremos fácilmente tendencia a creer que la "verdad" de la cura analítica, la solución de la neurosis, no puede ocurrir mas que a través de la transferencia y la rememoración, al punto que nuestra comprensión de los procesos de la sesión corren el riesgo de verse reducidos a estos solos procesos. Tal fue el error de Freud hasta 1937 (Construcciones en psicoanálisis) : como el árbol que esconde el bosque, la rememoración le ocultaba la importancia de la convicción alucinatoria. Es en ese artículo innovador y revolucionario, escrito solo pocos meses después del pesimismo de Análisis terminable y interminable,  que Freud precisa el valor de los fenómenos alucinatorios de la cura, de la regresión formal del pensamiento, afirmando que son el único medio posible de descubrir ciertos traumatismos no representados (Moisés y la religión monoteísta, 1934 - 1937) determinando la organización de  la neurosis del analizante, e impidiendo su resolución, siendo pues la causa de muchos fracasos terapéuticos y de numerosos análisis interminables.

A la diferencia del analizante que evita la regresión formal gracias a la investidura de su analista en tanto que doble narcisista, el analista, por su parte, estando habituado, por su propio análisis y por su experiencia de la practica de la cura, a confrontarse a su propia regresión formal y a las rupturas del orden diurno de la discontinuidad  representación - percepción, tendrá la posibilidad, según las condiciones y los momentos económicos de la sesión, de efectuar, ya sea el trabajo habitual de la atención flotante, en Identidad de Pensamiento y limitado a las asociaciones de representaciones, ya sea un trabajo regrediente que le sorprende en el curso habitual de su pensamiento, un "accidente" del pensamiento que supone una ruptura de la atención flotante y un funcionamiento en Identidad de Percepción que se concluye en un trabajo de figurabilidad casi alucinatoria semejante hasta cierto punto al trabajo del sueño.  En efecto, cuando el analista tolera la tendencia a la regrediencia propia al "estado de la sesión", sin recurrir a soluciones defensivas como  la investidura narcisitica del analizante, o las teorías analíticas y las ideas "prêt-à-porter" ; o aun a la memoria, a la reinvestidura de sus propias huellas mnémicas inconscientes, a una contra-transferencia "déjà-là", él se encuentra confrontado a la regresión formal de su pensamiento. No esta lejos del infans frente lo desconocido traumático -diferencia de sexo, llegada de un recién nacido, desinvestidura por parte de la madre. Y tal el niño que él fue, el analista, en la regresión formal de su pensamiento, tendrá entonces acceso a la forma propia del pensamiento de las teorías sexuales infantiles impregnadas de animismo. El trabajo de figurabilidad que sigue dará al analista la posibilidad de descubrir interpretaciones particularmente intuitivas que son inaccesible según el funcionamiento habitual de la atención flotante. En contrapunto de los elementos contra-transferenciales, la regresión formal del pensamiento del analista permite un  trabajo en reflejo y en complemento del funcionamiento psíquico del analizante. Siguiendo la vía abierta por A. Green [4] y M. de M'Uzan [5] , hemos llamado esta dinámica trabajo en doble [6] .

Cesar y Sara Botella


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[1] C. et S. Botella (1997). L'inachèvement de toute analyse,  Revue Française de Psychanalyse 1997-4. Retomado en español : Mas allá de la representación. Ch. X. Edición Promolibro,  España.

[2] [2] S. Freud (1900). L'interprétation des rêves. Trad. I. Meyerson, revista por Denise Berger, PUF 1971, p. 95 ; G.W. II-III p. 106 ; S.E. IV p. 101 ; Obras Completas, Biblioteca Nueva, vol. 2 ; p. 409.

[3] S. Freud, (1900). Ibid., Chapitre VII, p. 461 ; G.W. II-III, p. 548 ; S.E. II, p. 543 ; Obras Completas, Biblioteca Nueva, vol. 2, p. 676.

[4] A. Green (1974). " L'analyste, la symbolisation et l'absence dans le cadre analytique ". Nouvelle Revue de Psychanalyse 1974-10. Retomado en La folie privée, Gallimard 1990.

[5] M. de M'Uzan (1976). " Contretransfert et système paradoxal ".. Revue française de Psychanalyse 1976-2. Retomado en De l'art à la mort, Gallimard 1977.

[6] C. et S. Botella (1984). " L'homosexualité inconsciente et la dynamique du double en séance ". Revue française de Psychanalyse 1984-4. Retomado en español en Mas allá de la representación. Edición Promolibro 1997 y en francés en La figurabilité psychique, Delachaux et Niestlé, 2001.