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Rencontre APA-SPP
Contribution des collègues membres de la SPP

Christian Delourmel
El encuadre en las fronteras. Las fronteras del encuadre

Este debate responde a una exigencia que ningún psicoanalista puede obviar : es efectivamente util y necesario continuar la reflexión acerca del campo de acción del psicoanálisis, campo cuyas fronteras deben ser objeto de un cuestionamiento permanente si se quiere preservar la vocación del psicoanálisis que es ante todo darse los medios de ofrecer a los pacientes en dificultad que solicitan nuestra ayuda y nos brindan su confianza, los medios para lograr el mejor provecho posible del trabajo que emprendemos con ellos.

Cuando un analista percibe, durante las entrevistas preliminares, el deseo de un paciente de efectuar un trabajo analítico, y decide de emprenderlo con ese paciente, dispone de poco tiempo para efectuar la evaluación que le permitirá decidir si puede ofrecer a su paciente un "diván bien tempéré" (J.L. Donnet-4), o si tendrá que optar por un trabajo cara a cara. El diván, que suspende la motricidad y la percepción, pone en crisis la prueba de la realidad. Por ello este dispositivo solicita fuertemente la destructividad del paciente si consideramos la hipótesis de Winnicott (11) que plantéa la destructividad como el fundamento de la prueba de la realidad, una hipótesis que resuena con aquella de autores que en la linea de Freud, plantean lo negativo como fundamento de la vida psíquica. Si en el momento de emprender la cura, el funcionamiento psíquico dominante del paciente es una patología límite importante, es decir una puesta en crisis constante e importante de los límites dentro-fuera, la propuesta de un dispositivo diván/sillón de entrada no lo estará exponiendo a una situación traumática? ¿Algunas transferencias negativas no tendrán su origen o no se verán reforzadas por la mala experiencia que constituye para un sujeto el encontrarse en situaciones que activan en permanencia las huellas del dolor psíquico vinculadas a insuficiencias de los medios con los que dispone para ligar psiquicamente la violencia pulsional mobilizada por la situación analítica? ¿Una situación que representa por lo tanto un riesgo de repetir aquellas experiencias al origen de las huellas traumáticas, origen que se sitúa en experiencias precoces en las cuales el objeto primordial ha fracasado en su función, la de permitir al niño introyectar sus pulsiones, comprometiendo asi el funcionamiento psíquico? El apoyo que significa la mirada en el trabajo cara a cara puede entonces ser necesario para sostener una actividad de représentance en sujetos para los cuales la pérdida de la percepción del objeto puede ser equivalente a la pérdida de su representación, sinónimo para César y Sara Botella de desamparo psíquico (2). La pareja ver (ser visto y su basamento pulsional voyeurismo/exhibicionismo son elementos centrales para esta evaluación, como lo recuerda recientemente Jean Cournut (3). Los destinos pulsionales de esta pareja de opuestos conciernen la organisación narcisista del yo como lo propone Freud (7) y lo desarrolla André Green en su enfoque estructural del narcisismo primario (8). Dicho succintamente, en esta concepción del narcisismo primario André Green avanza un modelo de funcionamiento psíquico fundado en lo pulsional y lo negativo. Ha teorizado su concepto de la estructura encuadrante de la vida psíquica considerándolo como un precipitado del dinamismo pulsional gracias a una doble vuelta en contra (double retournement) que se inscribe psiquicamente en un movimiento de alucinación negativa de la captación global de la madre.  Este dinamismo pulsional de una doble vuelta en contra (double retournement), donde la excitación adquiere la calidad de pulsión al psiquisarse, seria la matriz de las bases narcisísticas del yo. Permitiendo la diferencia primera, es decir, la prueba de la realidad, este dinamismo procesal sería igualmente matriz de la figurabilidad, y de la représentance, es decir donde se origina la adquisición por el funcionamieto psíquico de su potencial de ligazón, como lo mostraron los Botella (1), sobre todo en sus trabajos sobre el autoerotismo y el doble. Por cierto esta dinámica otorgaría al funcionamiento psíquico la calidad de un espejo reflexivo interno, de un escudo de Perseo, cuyas fallas dejan  pasar al estado bruto las mociones pulsionales que surgen del ello y señalan la herida narcisista padecida por el yo. Me parece que la evaluación del poder auto-reflexivo del psiquismo es central en lo que se refiere a la decisión sobre el dispositivo útil. ¿No es por cierto una de las finalidades de la cura la de establecer las condiciones  mas favorables que permitirán al paciente descubrir y investir ese placer específico que significa el establecimiento de vínculos intra-psíquicos, a través del despliegue y de la expansión del trabajo de figurabilidad, de représentance?

De que medios disponemos durante las entrevistas preliminares para evaluar lo mejor posible el encuadre mas conveniente, teniendo en cuenta que intentamos evaluar a lo largo de estos encuentros que se efectuan cara a cara, las capacidades de un funcionamiento psíquico capaz de soportar la pérdida del apoyo que significa la mirada en el dispositivo diván/sillón. Que uno sea partidario o no de una diferenciación entre un proceso psicoterapéutico y un proceso psicoanalítico, procesos inducidos especificamente por cada uno de estos dispositivos o por la unidad del proceso analítico, la consideración de la figurabilidad y de la représentance me parecen centrales en esta evaluación.  Alcira Mariam Alizade (1) nos propuso una brújula en su conferencia del Coloquio franco-argentino de 2002 a través de su estudio del encuadre interno del analista.  Este encuadre interno recuerda la segunda regla fundamental del psicoanálisis : efectivamente durante la experiencia de su propio análisis el futuro analista interioriza este encuadre interno. Segun André Green, más aun, "el único modo de interiorizar el encuadre, es someter a sí mismo a un análisis a fondo, para poder apreciar sobre sí mismo los efectos del encuadre y del proceso." (10). Precipitado de un análisis profundo y exitoso, esta interiorisación sustentará la creatividad del analista, tanto en la conducción de sus curas como también en su apropriación de la teoría y el desarrollo de un proceso teórico personal indispensable para pensar su práctica. Pues, como decía René Diatkine, "es poco probable que una insuficiencia teórica no incida sobre la práctica, aunque mas no sea permitiendo la introducción de hábitos empíricos o formas de hablar discutibles" (4). Y es aún de esta interiorisación que dependerá la pertinencia de la decisión de emprender el trabajo cara a cara sin que esta modificación del encuadre externo sea sinónimo de un renunciamiento a permanecer analista.

Una segunda brújula, que de hecho se refracta sobre el encuadre interno del analista, concierne la reflexión que todo analista debe llevar sobre su propia concepción de las finalidades del trabajo analítico en 2003. Como lo decía André Green hace ya más de 25 años, se trata in fine de saber "donde el analista quiere llevar a su paciente, ya sea que se defienda o que lo confiese" (8). Esto plantea la cuestión del sistema de referencias implícito o explícito del analista. Y es mejor que sean explícito. Por ejemplo, las referencias de un analista kleiniano, que es la reparación, conduce a modalidades interpretativas y a una manera general de llevar una cura sustentada  por esta referencias. En este sentido me parece que la referencia/referencial, "la función de representación", propuesta por André Green en la lógica de sus trabajos sobre los estados límites (en las fronteras) debe ser por lo menos objeto de un estudio atento por parte de los psicoanalistas de hoy en día. He aquí lo que dice en "El doble límite" : la función de representación me ha parecido progresivamente como el referente del trabajo analítico. Cual sean las modalidades que obligan  a una adecuación del encuadre analítico, es al fin y al cabo a la representación de los procesos psíquicos, intrasubjetivos et intersubjetivos, a la que apunta lo esencial de la acción analítica. El resto pertenece a una reorganisación propia al sujeto en la cual el analista no participa. Hasta sugeriría que las adecuaciones del encuadre no tienen otra función que la facilitación de la función de representación"(9).

En los momentos en que los límites dentro/fuera (las fronteras internas) del paciente harán crisis de manera masiva, el analista deberá ser tenaz y es  entonces que su encuadre interno será puesto a prueba. Pero también debe ser inventivo en su estilo interpretativo. En esos momentos en efecto donde lo que importa es favorecer la generatividad asociativa, las interpretaciones clásicas son poco eficaces, y hasta nocivas, ya que no integrables por un paciente con fallas  de simbolización primaria. La interpretación clásica, que apunta a lograr una desligazón en el seno del juego representación de cosa-representación de palabra, haciendo asi posible una nueva ligazón, sabe ser pertinente al ser formulada a un paciente cuyo funcionamiento psíquico está bajo la égida de la represión. Pero, ¿es aún pertinente cuando la constitución misma de la  presentación de cosa esta siendo cuestionada? ¿No habría que favorecer las intervenciones que relanzan la simbolización primaria? Son momentos en los cuales el analista puede verse sorprendido por "accidentes del pensamiento" que sobrevienen durante un movimiento de regresión formal del pensamiento y que solicitan su creatividad y llevan a un "trabajo de doble"(2), del cual César y Sara Botella mostraron toda la fecundidad. Para poder ariesgarse de esta manera, el analista debe fiarse lo suficiente en su encuadre interno, cuya plasticidad y fuerza reposan tanto en el análisis del analista como en sus capacidades à continuar un proceso teorisante.

Estas decisiones que solicitan el encuadre interno del analista, es decir la interiorisación del encuadre analítico efectuado a lo largo de su propio análisis, solicitan también su relación a la teoría. Las opciones teóricas que sustentan las finalidades que da a su trabajo, juegan por cierto un rol determinante en esta evaluación y ulteriormente también en su táctica y su estrategia interpretativa.

Christian Delourmel
4 allée du Verger, 35310 Chavagne, France
delourmel.christian@wanadoo.fr


Bibliografia

1-Alcira Mariam Alizade(2002) Le cadre interne : nouveaux apports ; Colloque franco-argentin février 2002.

2-Botella C.et S. (2001), La figurabilité psychique, Coll. Champs Psychanalytiques, Lausanne, Delachaux et Niestlé.S.A.

3-Cournut J (1998) Du bon usage de la passivité, in Psychothérapies psychanalytiques, Débats de psychanalyse, Paris, P.U.F.

4-Diatkine R. (1974), Rêve, Illusion et Connaissance. in Revue française de Psychanalyse, 38, 5-6.

6-Donnet J.L (1995), Le divan bien tempéré, Coll .Le fil Rouge, Paris P.U.F.

7-Freud S, (1900), L'interprétation des rêves, Paris, P.U.F,  1967.

8-Freud S , (1915), Métapsychologie, Paris, Gallimard, 1978.

9- Green A, ( 1989), Narcissisme de vie, narcissisme de mort, Editions de Minuit.

10-Green A, (1990), La folie privée, Paris, Gallimard.

11-Green A ( 2000), le cadre analytique, in L'avenir d'une désillusion, Paris, P.U.F.

12-Winnicott D.W. ( 1939-1971), La crainte de l'effondrement et autres situations cliniques, Paris, Gallimard, 2000